Page 118 - Cultura Contributiva en America Latina
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las obligaciones tributarias que los individuos de un país deben cumplir es
proporcional y conforme a la capacidad contributiva. Bien puede, por ejemplo,
el impuesto a la renta ser proporcional al ingreso de una persona de ingresos
medios, pero ello no significa necesariamente que los que esta persona
paga por los todos los tributos sea proporcional y adecuado a su capacidad
contributiva porque la suma de todos los tributos que paga perfectamente
puede ser irracional e injusta.
En este sentido, por más que se apele a la cultura tributaria para exigir el pago
de los tributos, existirá una resistencia del contribuyente –incluso moralmente
justificada– dado que la carga tributaria total afecta al bienestar de la persona
o le entorpece su desarrollo y desenvolvimiento individual y familiar.

IV. Algunas consideraciones sobre la cultura tributaria y las Juan Carlos Benalcázar Guerrón
aberraciones de la clase política y burocrática

¿Puede construirse una cultura tributaria en un contexto social de corrupción,
dispendio de recursos públicos o de mediocridad en el ejercicio de la
autoridad pública?

La respuesta negativa se impone. Jamás puede crearse una cultura tributaria
cuando el ciudadano percibe altos índices de inmoralidad en el sector
público.13 Tampoco podrá animarse al pago voluntario, animoso y cívico de
los tributos si el ciudadano que paga advierte, al mismo tiempo, la desmejora
en las obras y servicios públicos, o bien, la prepotencia del funcionario, su
incapacidad y mediocridad, así como la ineficacia e ineficiencia generalizada
de la clase política y burocrática. Menos aún puede hablarse de cultura
tributaria y apelarse a ella en situaciones de violación constante al orden
jurídico y a la institucionalidad democrática.

En nuestra opinión, sólo de cínica puede calificarse a la exigencia de pagar
tributos, a guisa de “cultura tributaria”, cuando el Estado de Derecho está
en crisis o cuando campea la corrupción, el favoritismo, la prepotencia, el
autoritarismo, la falta de preparación de los servidores públicos o la ausencia
de compromiso con el interés general y el bien común.

Peor aún puede hablarse del deber tributario, propio de una recta conciencia
cívica, cuando las aberraciones de la clase política y burocrática implican que
el contribuyente financie los intereses particulares de un privilegiado grupo
–aspiraciones egoístas muchas veces disfrazadas de “intereses generales” por

13 Según Transparencia Internacional, en el año 2013, el Ecuador ocupó el puesto 102 de 177 en el índice de percepción de la
corrupción, con un puntaje de sólo 35/100, mientras que el rango percentil (percentile rank) de control de la corrupción es del
20%, con un puntaje de -0.88225376. Cfr. Transparency International, http://www.transparency.org/country/#ECU

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